Febrero172010

La duda como coartada.

En el orden intelectual, el falso ejemplar acentuará mucho la prudente abstracción del juicio, insistiendo sobre lo difícil, lo aventurado que es toda afirmación o negación taxativas. Si después de haber pensado mucho sobre algo, encendidos por el fervor de un descubrimiento, hacemos alguna aserción, el falso ejemplar no nos dirá: “En efecto, es así”, o bien: “Yo creo todo lo contrario” sino que nos dirá: “Es posible, es posible. ¿Quién sabe?” Con lo cual quedamos corridos, avergonzados de nuestra petulancia y ligereza, maravillados de la superioridad residente en aquel hombre, el cual genialmente no olvida nunca que la mente puede errar. Y necesitamos un buen rato para caer en la cuenta de que, bajo nuestra sentencia, no obstante su aspecto de enérgico dogma, existía también esa general sospecha que va aneja a cualquier juicio humano y que, por lo mismo, no necesita ser formulada en cada caso.

Extraído de:

Moralejas. No ser hombre ejemplar. (El espectador). José Ortega y Gasset.

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